El transgénero es una identidad y no una preferencia sexual

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El transgénero es una identidad y no una preferencia sexual:a

Gloria Hazel Davenport

  • La activista es la primera persona transgénero que ocupa un lugar público a nivel federal
  • Leyes de identidad de género que se han hecho a nivel mundial se concentran en tres principales: Argentina, España y Reino Unido

En el marco de la tercera Semana de la Diversidad Sexual en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Gloria Hazel Davenport, primera persona transexual que en México ocupa un cargo público a nivel federal, además periodista y activista fundadora de la asociación Prodiana, presentó su conferencia magistral Identidades Trans y Políticas Públicas, en compañía de Luis Berdeja, coordinador de la asociación Diversidad Universitaria.

Para comenzar, se hizo principal hincapié en explicar qué significa realmente el término transgénero, antes de querer entender cualquier otra parte del tema. “Trans” significa movimiento, por lo tanto, transgénero se refiere a una persona que se mueve de un género a otro.

El género es esa construcción sociocultural que se ha enseñado a lo largo de la historia del humano de manera tradicional que separa lo femenino de lo masculino; fue una construcción de formas, de comportamientos, vestimenta, lenguaje, pero no tiene nada que ver con la genitalidad, “el ser humano a cada genital le pone una carga de género, pero éste no es natural, las niñas no nacen queriendo jugar con muñecas”. Existen personas que no se identifican con el género que nacieron, sino con el opuesto.

Davenport aclaró de manera muy precisa que el transgénero es una identidad y no una preferencia sexual. Hay mujeres trans que son lesbianas, hay hombres trans que son gays, hay hombres que son heterosexuales y otros bisexuales, “esto es tan complejo que a veces ni nosotros lo llegamos a comprender”.

En el Artículo 1 de la Constitución Mexicana, a partir del 10 de junio del 2010, se prohibió la discriminación por preferencias sexuales y género, por lo tanto, la conferencista recordó a los presentes que cualquier hombre y mujer trans está protegido por la ley.

Otro de los puntos expuestos fue la consideración del transgénero dentro del término sombrilla, el cual abarca a personas travestis, transgenéricas y transexuales. El primer grupo son aquéllas que cambian su identidad por un tiempo corto para obtener algo, como un hombre que se viste de mujer para trabajo sexual, o un heterosexual que usa la ropa de la esposa, “es momentáneo su cambio”.

El grupo de transgenéricos es aquél que modifica el género de manera permanente pero no su anatomía biológica, es decir, los genitales, “no toman hormonas ni se operan, porque se maquillan muy bien y conocen los movimientos característicos”.

En el tercer y último grupo se unifican quienes modifican su anatomía, que esclareció no tener que ser siempre los genitales, puesto que el cuerpo cuenta con dos “paquetes”, las características sexuales primarias: los genitales, y las secundarias, como voz ronca, espalda ancha, barba en hombre y el busto, caderas y voz aguda en las mujeres.

Los transgéneros y las políticas públicas

Leyes de identidad de género que se han hecho a nivel mundial se concentran en tres principales, la más importante y de reciente creación fue en Argentina, la cual explica que una persona no necesita demostrar que tiene una enfermedad mental, sino simplemente por ser ciudadano tiene el derecho de modificar sus documentos de manera pública gratuitamente tan sólo acreditando su mayoría de edad.

En España, aunque fue adscrita antes que la de Argentina, para Davenport es la más incompleta, pues dice que a las personas transexuales no se les obliga a tener una modificación genital, pero tienen que demostrar que se estuvo en tratamiento hormonal por dos años, “el problema es precisamente que los obligan a atacar su salud, teniendo problemas secundarios”, tales como esterilidad, impotencia o disfunción eréctil.

Reino Unido es un caso interesante destacado por la ponente activista, donde se requiere que demuestre que la persona tiene un problema mental llamado por los sicólogos: disforia; “es curioso cómo se arreglan las cosas ahí”. En todos, el gobierno tiene la capacidad de calificar si la persona es o no es trans, cosa que para este sector de la población no es digno del respeto a sus derechos.

http://www.lja.mx/2013/05/el-transgenero-es-una-identidad-y-no-una-preferencia-sexual-gloria-hazel-davenport/

OPINIÓN.

Transfobia y capitalismo: Fundamentos de la homonormatividad a la mexicanaa

Dedicado a Sylvia Rivera, madre del activismo trans contemporáneo

El avance de los derechos ciudadanos ha deslavado de manera dramática uno de los discursos más fuertes de la diversidad, la práctica y defensa de actos discriminatorios al interior de la población lésbico, gay, bisexual, transgénero, travesti, transexual e intersexual (LGBTTTI).

Concretamente, los actos excluyentes, que han sido legitimizados por personajes de las comunidades lésbica y gay hacia las poblaciones bisexuales y en especial transgénero, se han basado en un atrincheramiento radical contra “invasiones” que afectan sus espacios de identidad.

Así, desde las bocas y dedos de activistas y figuras prominentes de las poblaciones lésbica y gay, se han reforzado radicalmente los llamados tanto a la exclusión como a la expulsión de la existencia y representación transgénero en “antros” y manifestaciones de derechos, como en la pasada marcha lésbica de la Ciudad de México donde las organizadoras, asumiéndose como las portavoces de toda la población lesbiana, “sugirieron” al colectivo transexual “respetar” el acto político, en una clara advertencia de rechazo.

Si bien el atrincheramiento y la clandestinidad fueron herramientas necesarias para la salvaguarda de la identidad homosexual o gay en los años 70 del siglo XX, el desarrollo de leyes e instrumentos de acceso a la ciudadanía, como la prohibición de la discriminación y el acceso al matrimonio igualitario en la Ciudad de México modifican la dinámica de interacción con la heterosexualidad hegemónica, ahora forzada legalmente a convivir en igualdad con la población homosexual.

Esta nueva realidad ha sido un golpe duro de asumir para la heteronormatividad, que en esta ciudad se ha visto vulnerada por el acceso a la ciudadanía lésbica y gay, que ahora tiene pase a sus mismos restaurantes, centros comerciales y espacios de representación política por un lado, y a la vigilancia de instituciones como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred), además del artículo 206 del Código Penal del DF por otro.

Sin embargo, el acceso a derechos ciudadanos de toda la población, y la reducción de actos discriminatorios contra lesbianas y gays por la intervención directa de las instituciones, ha traído como efecto secundario que emerja un discurso radical dentro de la población homosexual, una visión agresiva y violenta que ha replicado históricamente las prácticas excluyentes de la heternormatividad radical.

La refundación de la homosexualidad a través de una homonormatividad desfasada y vinculada con un capitalismo radical que incluso llega a legitimar la discriminación hacia personas transgénero representa en si un grave riesgo tanto para el mantenimiento de un discurso de defensa de la ciudadanía, como para la evolución de la dinámica social entre nuevas generaciones LGBTTTI entre sí y frente a la heteronormatividad a la luz de los avances legales.

Esta homonormatividad, quizás más tóxica que la heteronormatividad, por provenir de un discurso liberador de esta, ha sido abordada desde los años 90 del siglo pasado desde el activismo y la academia por Susan Stryker y en especial Lisa Duggan quien advirtió sobre la asimilación de dinámicas socioculturales y prácticas de la heterosexualidad radical en las poblaciones lésbicas y gay.

La cercanía con los ideales tradicionales de la heteronormatividad dentro de la homonormatividad emergente se basan en el mantenimiento de la monosexualidad, o visión que apunta como únicamente valida a la atracción erótica o afectiva hacia uno solo de los sexos o géneros, lo que impacta al rechazo a la bisexualidad, y a la cisgeneridad, entendida como la concordancia con el género social asignado a los caracteres sexuales y genitales, que apunta a la expulsión de personas travestis, transgenéricas y transexuales, además de las construcciones queer.

Esta versión homosexual de la heteronormatividad ha sido vinculada por Duggan y Stryker con el neoliberalismo, y se acerca al enfrentamiento que comienza a manifestarse con fuerza en las relaciones entre las poblaciones L y G con las B y T de la Ciudad de México, donde la manzana de la discordia son las leyes e instituciones contra la discriminación.

Así, la postura del Copred y del Instituto de Verificación Administrativa (Invea) del DF, de poder sancionar y hasta clausurar antros y establecimientos mercantiles que nieguen el acceso a las personas transgénero, ha motivado desde críticas hasta llamados por parte de activistas gay para respetar las políticas discriminatorias y no aplicar la ley contra los empresarios transfóbicos por tratarse de una ideología capitalista en un país capitalista.

En las redes sociales, estos impulsores de la homonormatividad han preguntado y descalificado el porqué las personas transgénero intentan acceder a sitios de convivencia gay, de un modo similar a la reacción de la heteronormatividad a la demanda homosexual de acceso a espacios de expresión heterosexual y en especial al matrimonio.

Lo curioso resulta en los intentos de descalificación de esta homonormatividad a la mexicana hacia la posibilidad de que las personas transgénero y bisexuales utilicen las instituciones contra la discriminación, en un deliberado olvido histórico a la solicitud de intervención de una pareja de mujeres lesbianas ante el Conapred por la negativa de los almacenes de lujo (capitalismo) Liverpool, que se negaba a abrir una mesa de regalos en 2006. El caso terminó en que la empresa rectificó su postura y dio marcha atrás a favor de la población lésbica.

La comparación de ambos casos lleva a la incongruencia: un capitalista y heteronormativo almacén comercial de lujo acepta incluir a la población homosexual, mientras que la homonormatividad condena cualquier intento de manifestación contra la discriminación por parte de las poblaciones bisexual y transgénero.

El blindaje y atrincheramiento de los discursos homonormativos y neoliberales, y su defensa a las prácticas discriminatorias ponen en desventaja y fragilidad a las poblaciones radicales en los colectivos lésbicos y gay ante las instituciones y leyes antidiscriminación.

No es posible que a través de llamados en las redes sociales, las voces y los rostros de la homonormatividad intenten frenar las acciones del Copred y del Invea contra sus establecimientos mercantiles, esto llevaría a legitimar la discriminación hacia personas transgénero, y a responsabilidades administrativas e históricas de funcionarios que seguramente no se prestarán a un juego tan desesperado por parte de quienes intentan conservar una jerarquía a través de la exclusión.

Sin embargo, estas voces de la homonormatividad mexicana vulneran aun más la dinámica entre las poblaciones LGBTTTI, al alentar la discriminación, la transfobia y la bifobia en las nuevas generaciones, que ya emergen en un clima de desarrollo de ciudadanía.

El sociólogo O. E. Klapp, en su obra “Identidad, problema de masas” recuerda una frase común entre historiadores contemporáneos con la contracultura de los años 70 “La historia cuando se cansa tiende a repetirse”. Desgraciadamente esto aplica también a portavoces y activistas.

http://www.notiese.org/notiese.php?ctn_id=6575

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