Día Mundial de la Sida que se celebra 1 de desembre seroprevalencia de VIH en personas trans

Día Mundial de la Sida que se celebra 1 de desembre seroprevalencia de VIH
en personas trans

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El VIH no mata, el miedo a enfrentarlo si

ENFOQUE-Mujeres transgénero, olvidadas en la lucha contra el VIH

En los últimos años hemos asistido a la visibilización, a partir de la epidemia del VIH, de una población que, años atrás, era únicamente asociada al trabajo sexual, por la forma sesgada como la representaban los medios de comunicación: la población trans. Esta población, inadecuadamente incluida en el concepto de “Hombres que tienen sexo con hombres”, ha ido distanciándose tanto epidemiológica, como social y políticamente de los HSH, para asumir una actoría autónoma y con voz propia, en un proceso de configuración de su protagonismo, no solamente como personas vulnerables, sino como actoras sociales, con necesidades, especificidades y demandas concretas hacia el Estado, como por ejemplo el derecho a la identidad, hasta su participación social como parte integrante de la sociedad civil organizada.

Las personas trans, no sólo son el grupo con mayor prevalencia de VIH, sino que debido a los diversos factores culturales, socio-políticos y religiosos que llevan a la negación de su existencia, se encuentran en situación de vulnerabilidad. Paradójicamente, son escasos los estudios realizados con esta población específica. De este modo, el presente tiene por objeto describir las percepciones y experiencias de estigma y discriminación y su influencia en la calidad de vida de un grupo de mujeres trans infectadas con VIH.

Las experiencias de estigma y discriminación de las personas trans se describen como miembros de un colectivo altamente estigmatizado debido a su identidad de género. El hecho de no ajustar sus preferencias y comportamientos al socialmente esperado para un varón, se presen estas personas sean “marcadas”, “etiquetadas” y “estigmatizadas” y, como consecuencia, sean objeto de actos de discriminación. “…cuando mostramos cómo somos,… mostrando nuestra identidad, desde ahí empezamos a ser estigmatizadas…” “…en todas las sociedades están las pautas sobre cómo debe ser una persona, un hombre o una mujer… y cuando se rompe esa barrera… ahí empieza toda la discriminación y la estigmatización…”. “…la heteronormatividad que la sociedad te pauta y te marca… que el niño tiene que estar de celeste y la niña de rosa, el niño que tiene que jugar a la pelota y la niña a las muñecas y si sucede lo contrario… cuando es diferente… nos ven como malas personas…” “…en el caso de nosotras como mujeres trans, ya estamos estigmatizadas con el trabajo sexual, la promiscuidad y bueno, un montón de cosas…” enfoque de Mujeres transgénero, olvidadas en la lucha contra el VIH

las vulnerabilidades específicas de la población trans en las que persiste una situación de desconocimiento y necesidades de salud de esta población:

• Mayor prevalencia de VIH que en otros grupos sociales.
• Vulnerabilidad relacionada con la mayor tasa de discriminación social y violencia policial hacia ellas.

Asimismo, se considera que las trabajadoras sexuales se beneficiarían de programas de promoción y prevención de sexo más seguro que tomaran en cuenta tanto su vida profesional como privada. Con relación a este último aspecto, las estrategias que se propongan deberían orientarse hacia:
• Brindar información general que permita compartir conocimientos sobre VIH-sida e ITS y aclarar las dudas que puedan surgir.
• Promover el uso del preservativo en relaciones a largo plazo (de pareja o comerciales).
• Promover el uso consistente del “campo de látex” en todas las relaciones sexuales (de pareja o comerciales).

Se espera que se realicen investigaciones que proporcionen elementos útiles para profundizar, desarrollar y mejorar en el futuro acciones para la prevención de la transmisión del VIH en la población Trans

Sexo de asignación, sexo legal, sexo de crianza.
Imaginemos una sala de parto en plena actividad en la que una mujer está a punto de dar a luz. Puede haber un médico, una obstétrica o ambos. Tensión… llega el producto del embarazo. No es ni él ni ella porque falta un paso: el médico o la obstétrica deben examinar este producto y determinar el sexo usando un sentido muy común: la vista.
La determinación sexual está basada en la observación de los que asisten al parto; remite por lo tanto a la morfología externa. Sólo cuando ésta es muy ambigua, se investigan otras variables (cromosomas, cromatina, etc.). A este sexo que se asigna “en la sala de partos” se lo conoce como sexo de asignación, ya que el sexo es atribuido por otros/as y será la base para establecer cuál será el sexo del o de la futuro/a ciudadano/a dentro de un marco legal. Una vez inscripto/a el
niño o la niña como tal, el sexo de asignación pasa a ser el sexo legal, que constituye un salto cualitativo en el que pasamos de lo biológico (macho o hembra) a las atribuciones culturales de lo masculino y lo femenino.

Y este acto de legalización de lo asignado tendrá, a su vez, consecuencias psicológicas fundentes para nuestro desarrollo como personas que, llegado cierto punto, se volverán casi irreversibles, ya que confieren al niño o niña una impronta que confundimos con algo natural, cuando en realidad se trata de una construcción.

La forma en la que los padres (y el entorno social en general) objetivan al niño o niña dependerá del sexo legal (asignado), y así se establecerá un sexo de crianza, que estará dado por los parámetros culturales -masculinos o femeninos -que los
padres y el entorno inculcan a sus hijos o hijas y que depende de ese sexo que les fue dicho. Como un piloto automático, será celeste para el niño y rosa para la niña, con todas las implicancias culturales que esto conlleva.

“Debemos entender el sexo mismo en su normatividad
porque la materialidad del cuerpo no puede ser entendi-
da sin la materialización de las normas regulatorias. Así, el
sexo no es simplemente algo que se tiene, una descripción
estática, sino aquello que califica al cuerpo de por vida y
lo inscribe en un dominio de inteligibilidad cultural.”
Judith Butler

Si pensamos lo dicho acerca del sexo biológico deberíamos suponer que, sensu strictu, debemos catalogar al producto del embarazo como macho o hembra, pero vemos que en ese mismo acto de asignación (del sexo) se establece un estatus sexual con una significación que trasciende la idea del sexo como algo puramente biológico y, por lo tanto, natural. O, siguiendo a Mónica Wittig, debemos tener en cuenta que cuando se demarca el “sexo” como tal ya se construyen y normalizan ciertas formas de diferenciación, celeste o rosa, sin plantearse otras opciones como amarillo o violeta.
Y con esta diferenciación entramos de lleno en el terreno de la sexualidad que, en un sentido muy amplio, sería el discurso que se instaura sobre y alrededor del sexo
.
Esto es lo mismo que decir que la sexualidad sólo existe al materializársela en el cuerpo. No hay sexualidad en la naturaleza, no se nace con ella sino que se la construye discursivamente. La sexualidad es todo aquello que decimos del sexo, pero también será las normas con las que la cultura regula y normativiza el sexo (fidelidad, matrimonio, reglas de apareamiento como la edad de consentimiento, significado cultural de tener o no hijos, quién con quién, etc.).
Podemos pensar la sexualidad como un concepto que incluiría al menos tres dimensiones:
1. El sexo biológico.
2. Toda conducta o comportamiento que tenga su origen en estímulos sexuales (no necesariamente genitales), aunque estos no fueran visibles.
3. Los elementos interpersonales y emocionales relacionados con las fantasías dadas por aquellos estímulos y que pueden corresponderse o no con las pautas culturales dominantes de pertenencia.

En la sexualidad el elemento clave no está dado por el sexo biológico sino por el campo de las fantasías que cada persona elabora sobre sí misma y sobre los otros en tanto objetos sexuales.

Establecer el sexo de asignación como variable de la constitución del psiquismo humano llevó a buscar conceptos que permitieran pensar las interrelaciones de la sexualidad con la cultura sin excluir lo histórico de aquélla, puesto que la sexualidad, si bien es un invariante histórico -siempre hubo alguna forma de sexualidad-, no flota por encima de las personas en forma ahistórica como pretenden muchos/as al naturalizarla, sino que está fuertemente condicionada por las ideas acerca de lo femenino y lo masculino que existen en cada época.

Hasta aquí, hemos relativizado ciertos conceptos que situaban al sexo y la sexualidad como procesos naturales y automáticos, apenas matizados por el medio en que les toca desarrollarse. Aparece así el concepto de género, para referirnos a los aspectos de la sexualidad relacionados con el universo socio-
cultural masculino y femenino, y su intervención en la constitución del psiquismo. Esta distinción entre sexo y género produce un corrimiento de sentido de modo tal que ser hembra ya no es condición para ser mujer o acceder a la feminidad (lo
mismo se aplicaría para la masculinidad). El género, siempre según Butler, sería una interpretación cultural del uso de los cuerpos. Al ser el género una construcción histórica y social, no aparece en forma pura sino que está atravesado por otras variables, como la orientación sexual, la clase social o la raza.

Como definición operativa, podemos decir que identidad genérica es la íntima y subjetiva certeza que tiene cada persona de ser hombre o mujer. Siempre teniendo en cuenta que hombre y mujer no son términos absolutos sino tan sólo
los extremos de un continuo que incluye muchas variantes y sin implicar orientación sexual alguna.

Se considera que esta certeza ya se ha establecido entre los dos o tres años (Stoller), cuando el/la niño/a reconoce el género de sus padres, no sobre la base de las diferencias fenotípicas, sino en términos de sus atributos culturales masculinos o femeninos.

De la identidad de género se desprende el concepto de rol, palabra que deriva del latín, y que se refería al libreto destinado a los actores. Para la sociología y la antropología, el rol es lo que uno representa y que es variable de acuerdo a la circunstancia particular del sujeto. Así, yo puedo ser médico en un lugar, y ser hijo o padre en otros. Algunos de estos roles definen la autopercepción así como la forma en que somos percibidos por otros. Es un punto de encuentro que relaciona lo individual con lo social.

Para J. Money, el rol de género es “todo lo que una persona dice o hace para comunicar a los demás o a sí misma el grado en el que es hombre o mujer. El género es la expresión privada del rol mientras que éste es la expresión pública del género”

En el rol intervienen todos los elementos culturales que identifican lo masculino y lo femenino en una sociedad dada, desde la ropa hasta las actitudes culturales e incluso la forma en que pueden relacionarse con el otro sexo o expresar sus
afectos. Estos elementos son extremadamente variables.
Hace treinta años ningún hombre hubiera usado aros o maquillaje, por citar sólo un ejemplo. En nuestro país los hombres no usan polleras mientras que en Escocia el kilt es una prenda nacional y exclusivamente masculina. Muchos/as miran con sorpresa a una mujer conduciendo un colectivo o un taxi, ya que estamos habituados a pensar esos trabajos como roles típicamente masculinos.

Género, sexo de asignación y de crianza van de la mano en una compleja mezcla de procesos identificatorios. Esto permitirá el reconocimiento del otro como semejante o distinto, y así construir la imagen corporal -real o imaginaria- que marcará rumbos identitarios, estables, pero no necesariamente fijos, visto que la identidad (genérica, sexual) nunca es fija y cerrada en sí misma sino que la podemos entender como un devenir de identidades posibles. Y aun tomando todo esto en consideración, no podríamos predecir conductas, prácticas, elecciones, etc. Como vemos, una persona cualquiera es un complejo rompecabezas con final abierto a pesar de que los condicionantes culturales tiendan a que nos manejemos con identidades más o menos estables.
Si pensáramos en armar una mujer heterosexual, por ejemplo, tendríamos que:
• Su sexo biológico es el de una hembra, donde deberían coincidir todas las variables consideradas (cromosomas, cromatina, etc.).
• Su identidad de género es femenina.
• Su identidad de rol se corresponderá con la identidad de género, aunque esto dependerá del medio en que esta mujer se mueva y de la permisividad de las pautas culturales en relación con sus roles sociales.
• Su orientación sexual será, obviamente, heterosexual. Y si pensáramos en armar a una mujer homosexual veríamos que todo sería igual salvo que su orientación sexual sería

http://hivhealthclearinghouse.unesco.org/sites/default/files/resources/santiago_salud_vih_sida_libro.pdfz7

 

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