Transexualidad y vejez: una realidad por conocer

Transexualidad y vejez: una realidad por conocer

Noelia Fernández-Rouco
Félix López Sánchez
Rodrigo J. Carcedo González

RESUMEN: El presente trabajo hace un breve recorrido por algunas de las cuestiones de mayor relevancia para las personas transexuales durante la vejez. En primer lugar, expone el estado de la cuestión actual sobre la transexualidad durante la vejez y las líneas de trabajo que han abordado de manera específica la vejez de las personas transexuales, exponiendo cuáles son sus necesidades específicas y las dificultades encontradas. Finalmente refleja diversas propuestas de futuro destinadas a mejorar el bienestar de las personas transexuales mayores.

Introducción

Desde la gerontología se asume que el ser humano, a medida que envejece, se diferencia del resto de seres humanos. La diversidad de experiencias y circunstancias vitales y la forma en que cada persona se adapta a ellas favorece la idiosincrasia de cada persona y de la comunidad o comunidades a las que pertenecemos. Por esto, nos encontramos con numerosos y muy diversos grupos entre las poblaciones envejecidas.

El interés en el envejecimiento en población general es relativamente reciente, en parte debido al incremento de la esperanza de vida de la población. Los avances científicos y tecnológicos de los últimos años han contribuido favorablemente al aumento de la longevidad. No obstante, prevalecen en el tiempo creencias, tabúes, resistencias, mitos, prejuicios y estereotipos sociales que giran en torno al proceso de envejecimiento y que dificultan la calidad de vida del adulto mayor y su inserción en sociedad. Esto se hace especialmente notorio en poblaciones minoritarias y excluidas como son las personas transexuales. En este sentido, el estudio del envejecimiento de poblaciones minoritarias y excluidas es hoy casi anecdótico, tal es el caso de las personas transexuales. Sin embargo, en los últimos años algunos profesionales han empezado a abordar la gran diversidad del envejecimiento, también la relativa al sexo y al género (Blank, 2006).

El estudio de la transexualidad y la vejez

La concepción sobre la sexualidad y la vejez ha cambiado a lo largo de la historia, del mismo modo que lo hace en función del contexto histórico, político, socioeconómico, cultural, étnico, familiar, etc., en el que nos encontremos. Por un lado, el concepto de vejez, al igual que ocurre con el resto de las etapas del ciclo vital, surge como la necesidad de marcar la edad cronológica, en este caso, para determinar socialmente el paso de los años. La definición de “viejo” varía entre los países y las sociedades. En nuestra sociedad, de forma implícita, se asocia a la idea de involución del ser humano, de pérdida de facultades, lo cual hará difícil o imposible que desarrolle una labor profesional de la misma forma que hasta ese momento (López y Olazábal, 2006). Además, con frecuencia se relaciona con otros términos tales como discapacidad o demencia. En general, una persona es considerada “mayor” cuando alcanza la edad de 60-65 años, independientemente de su historia y situación particular (Bonita, 1998).

Por otro lado, sabemos que la sexualidad es un componente fundamental de la calidad de vida (Zanni, Wick y Walker, 2003) y vital para el mantenimiento de relaciones interpersonales saludables, del autoconcepto y el sentido de integridad (Hajjar y Kamel, 2003). En esta línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002) define la sexualidad como un complejo concepto multidimensional en el que se incluye el sexo, la identidad sexual y los roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer la intimidad y la reproducción. Por este motivo, la sexualidad se experimenta y expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones (Bauer, McAuliffe y Nay, 2007).

Sin embargo, a pesar de la importancia que tiene para el bienestar, si el estudio de la sexualidad en el envejecimiento no ha sido un tema de interés hasta no hace mucho tiempo, el estudio de las diversas formas de vivir esta sexualidad en este momento de la vida es casi inexistente. A pesar de que las personas mayores cuentan cada vez con mayor reconocimiento, se sigue obviando cualquier forma de diversidad sexual entre nuestros mayores (Bauer et al., 2007). En la literatura científica, resulta extremadamente difícil encontrar información precisa sobre la vivencia durante la vejez de las personas transexuales (Witten, 2004) ya que este grupo ha sido especialmente invisible a nivel epidemiológico (Witten y Eyler, 1999), puesto que, además, del escaso interés hasta hace unas décadas, muchas personas transexuales no han querido visibilizarse (Witten, 2003). Por esta razón, las personas transexuales viejas son a día de hoy, invisibles (Persson, 2009). Desde esta premisa, no encontramos en el trabajo gerontológico registros de orientación del deseo e identidad sexual. Esta situación tiene como contraste los estudios sobre la vejez de otros colectivos minoritarios como algunas etnias (Henery, 2011).

Hasta la actualidad, los pocos trabajos realizados se centran en los aspectos más estudiados en personas mayores, como el estado de salud o los sentimientos de soledad. Los estudios existentes de los años setenta y ochenta, momento en el que la transexualidad no contaba con el tratamiento con el que cuenta hoy en día, hablan de un envejecimiento de las personas transexuales acompañado habitualmente de una salud psicológica poco satisfactoria, cuestionando el tipo de tratamiento recomendable en ese caso. En este sentido, existen algunos estudios que abordan algunas cuestiones con personas mayores que han solicitado cirugía de reasignación de sexo. Estos estudios reflejan la presencia de sintomatología depresiva, la tendencia a la introversión o algunos problemas de personalidad (Meyer, 1974).

Por otro lado, también se ha relacionado la vivencia de la transexualidad en la vejez con un momento de crisis emocional, y la característica particular relacionada con la urgencia por el proceso de reasignación que manifiestan estas personas. No existen datos que contraindiquen el proceso sanitario de reasignación sexual en la vejez, si bien se discuten las posibles particularidades que dicho tratamiento requeriría en personas mayores (Lothstein, 1979).

No obstante, el actual mayor reconocimiento de las diferentes identidades sexuales, el transcurrir del tiempo que hace que las personas transexuales visibles envejezcan y la mayor atención a la vejez hacen que cada vez exista un mayor interés por abordar la transexualidad en este periodo de lavida (Witten, 2009). Así,encontramos estudios que identifican que en la actualidad, las mayores dificultades en el envejecimiento de las personas transexuales están asociadas con frecuencia al deterioro físico por una atención sanitaria deficitaria, no adecuada a sus necesidades y con la pobre estimulación externa, con el contexto tan pobre en el que envejecen, con frecuentes sentimientos de soledad, influido quizás por la visión negativa que se tiene de las personas mayores unida al desconocimiento y rechazo de la transexualidad (Witten yCook-Daniels, 1999).

Sin embargo, son muchos los ámbitos de estudio en relación a las personas transexuales mayores que se desconocen en la actualidad. No contamos todavía con estudios que ahonden en la vivencia de estas personas en relación con su identidad sexual, que puedan mostrarnos cuáles son las particularidades en esta etapa de la vida, ni cuáles son los elementos de mayor relevancia para el bienestar de estas personas en este momento de la vida. Tampoco conocemos en qué medida los procesos de reasignación sexual que realizaron muchos adultos que hoy son ancianos han significado consecuencias de diferente tipo en la actualidad, en qué medida han tenido consecuencias físicas, como enfermedades derivadas de posibles tratamientos, sociales, como el aislamiento y soledad, y psicológicas, como cualquier manifestación de malestar psicológico ocasionada por el rechazo y la situación de vulnerabilidad a la que se encuentran expuestas estas personas. No existen estudios sistemáticos sobre los factores, agentes y recursos que no atienden o lo hacen de forma inefectiva las necesidades de las personas transexuales mayores. Como podemos ver, es mucho el camino todavía por recorrer. Ahora que las personas transexuales existen en mayor medida en la literatura, es necesario saber qué ocurre cuando éstas envejecen.

Dificultades de las personas transexuales viejas

Las áreas de preocupación por el envejecimiento para las personas transexuales son fundamentalmente las mismas que para la mayoría de los adultos mayores: la soledad, la salud, y las preocupaciones económicas, si bien es cierto que estos factores dependen de las características de la situación individual (Witten, 2009). Sin embargo, de manera particular en estas personas habitualmente encontramos un exagerado miedo al futuro, miedo al rechazo familiar, así como el miedo a la transfobia y a la marginación social que pudieran sufrir por el mismo hecho de ser transexuales (Dean et al., 2000).

Habitualmente desde el anonimato, del mismo modo que otros grupos oprimidos, la mayoría de las personas mayores transexuales han interiorizado sentimientos negativos acerca de su propia identidad sexual. Algunas personas transexuales que crecían de acuerdo con su sexo biológico, guardando el secreto de su identidad sexual, contraria a su sexo biológico (Namaste y Sharon, 2001).

En este sentido, las personas transexuales durante mucho tiempo han actuado de acuerdo con las expectativas y presión social, obviando su identidad sexual y funcionando de acuerdo con su sexo biológico. Esto ha supuesto un gran costo personal e interpersonal para estas personas. En la medida en que nos encontremos con personas que durante mucho tiempo han vivido su identidad sexual de manera oculta, estaremos delante de personas especialmente vulnerables y con un estado de bienestar habitualmente más afectado. La amenaza del castigo social por hacer pública la propia identidad sexual ha servido durante mucho tiempo favorecer el anonimato y la invisibilidad de las personas transexuales, especialmente las de generaciones pasadas, ahora mayores. Estas son, sin duda, acciones son abusivas que siguen justificando de una forma u otra el abuso y la negligencia. Las personas mayores transexuales han sufrido abusos durante toda su vida en diversos grados.

Además, con frecuencia, hay un factor adicional de vergüenza para la persona, que se incrementa a medida que la persona tiene más edad, puesto que coexisten mitos relacionados también con lo que una persona mayor puede y no puede hacer, pensar o ser. De este modo, en nuestra sociedad, muchas personas mayores son objeto de discriminación por su edad por lo que si además hablamos de personas transexuales, el grado de discriminación es mayor.

Por otro lado, es importante resaltar el factor de la propia presión de pertenecer a un grupo de las propias personas transexuales y cumplir con el estereotipo de mujer en el caso de ser mujeres transexuales (hombre a mujer) o de hombre en el caso de los varones transexuales (mujer a hombre). La transfobia todavía existe en muchas formas y en todos los ámbitos, si bien en buena parte de los lugares del mundo no está penalizada legalmente.

Además, las personas transexuales llegan a la vejez en un contexto heterosexista que no acepta fácilmente la diversidad afectivo-sexual, habiendo sufrido diferentes situaciones (represión, falta de estudios, acoso laboral etc.) que pueden haber dificultado la tener entre otras cuestiones, una trayectoria laboral y que, al llegar al momento de la jubilación, caiga en situaciones de pobreza. De hecho, contamos con estudios sobre la situación laboral y sabemos que, en algunos países, la tasa de personas transexuales en paro duplica la tasa de paro en la población general (Fernández-Rouco, López y Carcedo, 2011). Si, además, han tenido dificultades para establecer vínculos seguros y estables o han sufrido el abandono emocional de sus allegados, el aislamiento y los sentimientos de soledad dificultarán todavía en mayor medida el afrontamiento eficaz de su situación, en una etapa de la vida que ofrece vulnerabilidad en sí misma en nuestra sociedad. De hecho, contamos con algunos estudios que afirman que las personas mayores que viven de forma diversa su sexualidad (homosexuales y transexuales) encuentran mayor apoyo en los vínculos de amistad que en los vínculos familiares (McFarland y Sanders, 2003). Son muchas las variables a tener en cuenta en el estudio de las personas transexuales mayores, puesto que son muchas las variables de riesgo de exclusión social que confluyen en la vivencia de estas personas.

También es importante el estado sociosanitario en el que viven habitualmente estas personas, que no cuentan de forma frecuente con los recursos y apoyos necesarios para vivir su vejez de forma digna (Belongia y Witten, 2006). No cuentan con profesionales especializados en vejez que a su vez conozcan las particularidades sociosanitarias de estas personas, si toman hormonas, las han tomado o se han realizado alguna intervención quirúrgica o que conozcan cómo tratar a una persona transexual, independientemente de su apariencia física y su momento del proceso (Cascio, 2002). Esto perjudica especialmente a los ancianos que viven institucionalizados, ya que para estas personas resulta un entorno hostil en el que tienen que esconder su identidad sexual y se convierten en invisibles (Ward, Vass, Aggarwal, Garfield y Cybyk, 2005). En algunas ocasiones, podemos encontrar con personas transexuales mayores que cumplen con algún otro rasgo de exclusión social, como la orientación del deseo homosexual, la discapacidad, la presencia de una infección Vih, etc. En estos casos, el estigma es mucho mayor.

Finalmente, todos estos datos denotan que la transexualidad en la vejez se encuentra condicionada de forma importante por aspectos psicosociales, y no sólo por aspectos biofisiológicos. Todas las personas tenemos necesidades de afecto e intimidad durante toda nuestra vida, también en la vejez. Necesitamos querer y ser queridos, tocar y ser tocados, desear y ser deseados y disfrutar del placer del contacto íntimo. Sin embargo, en nuestra sociedad, siguen presentes numerosos prejuicios hacia las diversas formas de vivir la sexualidad de las personas mayores. Existe todavía un cierto tabú con respecto a este tema. Esta situación les crea una serie de dificultades para vivir ese aspecto y resolver dichas necesidades forma adecuada.

Necesidades presentes, propuestas de futuro

Son muchas las demandas realizadas desde diferentessectores profesionales, científicos y activistas, puesto que son muchas las carencias existentes todavía hoy.

No contamos con trabajos científicos ni profesional es exhaustivos en relación con la transexualidad y la vejez, ni tampoco con referentes públicos que faciliten la visibilización de sus necesidades, dificultades y posibilidades. Nos encontramos ante una población minoritaria, pero extremadamente vulnerable en este momento de la vida. En la actualidad no existen trabajos sistemáticos sobre la situación de las personas transexuales viejas, que son necesarios para fomentar intervenciones y acciones derivadas de los datos que pudieran resultar. La literatura científica de referencia es escasa, insuficiente.

En este sentido, es necesario realizar un esfuerzo mayor en programas de educación en la diversidad, incluyendo la educación específica sobre transexualidad desde una perspectiva holística y que aborde todas las etapas evolutivas del ser humano. Desde la sensibilización social y la formación de profesionales mejoramos el bienestar de estas personas, además de contar con profesional es más capaces y con ciudadanos más tolerantes, respetuosos, que actúen desde un mayor conocimiento de las realidades sociales.

Tampoco existen políticas específicas que regulen de forma eficaz la situación de las personas transexuales, especialmente en la vejez. Es importante regular la no vulneración de derechos de estas personas, promoviendo legislaciones que otorguen los mismos derechos a estas personas que a la población general. Además, es necesario que dichas regulaciones se hagan efectivas y se vigile su adecuada implementación en todos los sectores.

Finalmente, es necesario invertir en los recursos psicosociales que permitan dar respuesta a la situación de las personas mayores transexuales. No está regulada su identidad legal si no han iniciado un proceso de reasignación sexual previo por lo que los recursos a los que pueden acceder siempre son en función de su sexo biológico, especialmente en todos los recursos y servicios que atienden por separado o de forma distinta a varones y mujeres.

Tampoco existen recursos de apoyo a sus necesidades sociosanitarias y médicas específicas, por lo que estas personas se encuentran en situación de desamparo.

De manera específica: necesitamos desarrollar los servicios de atención residencial a corto, medio y largo plazo, desarrollar los servicios de atención a domicilio, visibilizar esta realidad en los organismos sociales y en el sistema de salud, crear oportunidades de participación dando voz a las personas mayores transexuales, favorecer la inclusión del abordaje de la diversidad sexual en todas las etapas de la vida en el curriculum de diferentes perfiles profesional es, trabajar con grupos de profesionales que estén o puedan estar en contacto con esta realidad, identificar los aspectos diana del bienestar de estas personas en este momento de la vida y diseñar e implementar programas de intervención destinados al trabajo con la persona y el entorno, especialmente con la familia.

Por este motivo, es importante promover la integración de las personas transexuales a lo largo de todo el ciclo vital (Edwards, 2001), favorecer las relaciones con los otros y enfrentar los duelos, trabajar la autonomía física y cognitiva, y enfrentar la transformación que implica la vejez en relación a la vivencia sexual diversa (Blank, 2006). Desde nuestro punto de vista, parece que todavía queda mucho por andar en el estudio y la atención a las personas transexuales, también cuando envejecen.

Referencias

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https://revistas.pucsp.br/index.php/kairos/article/viewFile/15308/11442

Noelia Fernández-Rouco –
Profesora Ayudante Doctor. Facultad de Educación. Departamento de Educación. U. de Cantabria  (UNICAN/Spain). E-mail: noelia.fernandezrouco@unican.es
Félix López Sánchez –
Catedrático de Psicología de la Sexualidad. Facultad de Psicología. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. U. de Salamanca (USAL/Spain).
Rodrigo J. Carcedo González –
Profesor Contratado Doctor. Facultad de Psicología. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. U. de Salamanca. (USAL/Spain).

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