Diccionario de la lucha trans

CONCEPTOS BÁSICOS

Diccionario de la lucha trans

El colectivo reivindica que su identidad no depende de sus genitales y pide despatologizar su condición

El Gobierno debate sobre la cuestión para la aprobación de una futura «ley trans» a nivel estatal

Valentina Raffio

La Confluencia Trans, formada por una veintena de organizaciones que luchan por los derechos de las personas transexuales, ha celebrado el sábado 4 julio 2020 una concentración en la Puerta del Sol de Madrid para exigir al Gobierno el trámite urgente de la Ley Trans Estatal.

Mientras el gobierno debate sobre los entresijos de la futura “ley trans”, la lucha por los derechos de este colectivo vuelve a recobrar fuerza. El mundo LGTB+ defiende con fervor que los genitales no determinan ni la identidad de una persona ni su manera de presentarse ante el mundo. Y que ser hombre o ser mujer no depende solo de unos genitales. Estos son algunos de los términos claves para entender las reivindicaciones de las personas trans (y el debate que, en estos días, se está generando a su alrededor).

¿Qué es una persona cis? ¿Y una persona trans?

Empecemos, pues, por los conceptos básicos. Una persona cis es aquella que se siente identificada con el sexo y el género que le han asignado al nacer. Es decir, una persona que, por ejemplo, nazca con pene y se sienta identificada con la etiqueta de hombre. Una persona trans es aquella que, por el contrario, no se siente identificada con el sexo o el género que le asignaron al nacer. Es el caso, por ejemplo, de una persona que nace con pene, se le etiqueta como hombre durante una etapa de su vida pero que, en realidad, se identifica como una mujer. La lucha de las personas trans consiste en reivindicar su identidad de género. Sean cuales sean sus genitales.

Identidad de género, expresión de género y sexo biológico

La identidad de género, la expresión de género y el sexo biológico son tres cuestiones distintas, claman los activistas LGTB+. Se trata de tres conceptos independientes que puede (o no) estar relacionados. Y que, además, no son estáticos..

 

La identidad de género hace referencia a la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a su propio género. Es decir, si uno se identifica (o no) con los roles de hombre o mujer.  Estas categorías, lejos de ser dos polos opuestos, también se enmarcan dentro de un abanico mucho más amplio. No hay una sola manera de ser hombre o mujer. Porque estos conceptos varían en función del contexto social (y de los estereotipos vigentes en cada época). Y porque, más allá de estas categorías, también hay un espectro de otras identidades. Es el caso, por ejemplo, de las personas de género no binario, que no se identifican solo como hombres o como mujeres.

La expresión de género, por el contrario, se refiere a la manera en la que una persona se expresa ante el mundo siguiendo (o no) unos determinados cánones sociales y estéticos. En esta categoría se incluye la apariencia física, la manera de vestirse e incluso el comportamiento, que pueden percibirse según lo que entendemos por masculino, femenino, andrógino (con características de ambas) o neutral.

El sexo biológico es el conjunto de características que tradicionalmente se asignan a un sexo u a otro. Es decir, los cromosomas, las hormonas, los genitales y, en general, los rasgos anatómicos con los que se designan a los varones y a las hembras. Aunque, en realidad, cada vez hay más voces dentro de la comunidad científica y médica que cuestionan la existencia de solo dos categorías rígidas para describir el sexo y abogan por un espectro mucho más amplio.

Sexo y género no son lo mismo

El caso es que la identidad de género, la expresión de género y el sexo biológico no tienen porqué estar relacionadas. Una persona puede identificarse con la etiqueta de mujer y mostrarse ante el mundo con apariencia masculina, aunque tenga vagina. Otra persona puede identificarse con la etiqueta de hombre y mostrarse ante el mundo como tal, aunque tenga vagina. Y otra persona más puede identificarse como mujer y mostrarse ante el mundo como tal, aunque no tenga vagina. Los genitales ni determinan ni la identidad de una persona ni su manera de presentarse ante el mundo.

Despatologizar la condición trans

Una de las principales reivindicaciones del colectivo trans pasa por despatologizar su condición. Es decir, eliminar el vínculo entre su identidad de género y un trastorno mental. La transexualidad fue clasificada como trastorno mental en los años 80 y ha permanecido con esa etiqueta hasta el 2018, cuando la Organización Mundial de la Salud actualizó su manual sobre la cuestión. El problema es que, hoy por hoy, en España sigue siendo necesario pasar por procesos de diagnósticos (o estudios sobre identidad de género) y hormonación para empezar el proceso legal de transición (en el que, por ejemplo, se logra el cambio de nombre).

En estas mismas páginas se explica el caso de Àlex, un hombre trans que acaba de dar a luz a su hijo. Él es un hombre. Se identifica como tal. Y así se presenta ante el mundo. Sus órganos reproductores, que le han permitido engendrar a un hijo biológico, no determinan su identidad. “¿Por qué se me ha de considerar menos hombre por haber gestado a mi hijo?”, reflexiona él mismo al narrar su historia.

Àlex tiene 36 años y constituye una familia monoparental con su hijo de 16 meses, al que ha parido. La vida de este hombre ha sido una carrera de obstáculos. Ahora ha decidido explicarla, sin ánimo de protagonismo y para abrir puertas biológicas, legales y mentales en una sociedad no preparada para entender que existen múltiples maneras de declinar las palabras hombre, mujer, ser humano. En las paredes de su piso cuelgan fotos de su hijo y una nota con palabras en mayúscula: amor, perdón, agradecimiento, respeto. En un futuro, quiere volver a ser padre.

-Eres un hombre que ha parido. ¿Cómo tomaste esta decisión?

-Llegó el momento en el que sentí que quería ser padre y no tenía pareja. ¿Cómo lo haces? No tuve muchas dudas: biológicamente. ¿Qué opción para mí es la más fácil? Utilizar lo que la biología me ha dado, que es mi cuerpo, que puede gestar. ¿Por qué no puedo gestar? Fui a hablar con Rosa [Almirall], de Trànsit [una unidad de los CAP de Barcelona del Institut Català de la Salut que asesora y acompaña a las personas trans] y me dijo: sí, sí, lo único que has de hacer es bajar dosis de testosterona, que te vuelva a venir la regla, el cuerpo se regulariza y probamos. Me dijo que en entre tres y seis meses el cuerpo se regulariza. Yo en el segundo mes ya estaba regularizado. Me dejé un espacio para acostumbrarme y al primer intento vino el niño.

-Cuando te quedaste embarazado ya eras un hombre a efectos legales.

-Sí, lo había hecho años atrás. El DNI, el nombre y el género. Era cuando apareció el debate en el que decíamos a los niños en las escuelas que hay niños con pene, niños con vulva, niñas con pene y niñas con vulva. A estas criaturas que están creciendo así, ¿cómo les dices cuando tengan treinta años que si eres un hombre con vagina no puedes tener hijos porque los hombres no se embarazan? No se embarazan los hombres que tienen pene, pero los que tienen vagina ¿Por qué no?

-Pero todavía está establecido que el tránsito de los trans ha de ser total. ¿Cómo fue tu caso?¿Te indujeron a que fuera un tránsito completo, biológicamente?

-Sí, te lo dicen. Me tocó ir a la UTIG [Unitat de Trastorns d’Identitat de Gènere, hoy UIG, Unitat d’Identitat de Gènere] del Hospital Clínic, donde te hacen dos años de seguimiento para cerciorarse de que realmente eres un hombre, que no es una fase. Hacen un estudio para ver que la masculinidad es estable. Y allí tenía muy claro lo que tenías que decir. Si dices que quieres tener hijos y te quieres embarazar te dicen: ‘Si te quieres embarazar es que no eres un hombre’. Por eso, no lo dices. ‘Si eres un hombre ¿porqué quieres tener útero? si lo quieres tener es que no lo tienes claro’.

-¿O sea que hacen asociar lo que tu sientas a tu cuerpo?

-Sí.

-¿Es decir que para sentirte hombre has de ser totalmente hombre biológicamente?

-Sí, o has de tener el deseo de querer tener un pene.

-Así de claro.

-Así de claro. A mi me lo vendieron así. A no ser que les digas ‘no me quiero operar porque no sé si en un futuro quiero extraerme los óvulos para tener un hijo con mi pareja’. Este deseo de querer inseminar a otra persona y esparcir tu semilla es como muy de hombre y esto sí lo entienden.

-Tu no dijiste que querías hacer un determinado tránsito para poder parir.

-No, tampoco me lo había planteado en ese momento. No lo dije.

-¿Qué baremo establecen para decir que eres un hombre?

  • Te hacen distintos test. El test de la vida real, en el que te ponen en diferentes situaciones. Recuerdo una pregunta que era: si estás en el bosque y estás solo y oyes un ruido, ¿Te vas o vas a mirar el ruido? Y claro, si dices que te vas es que eres cobarde y esto no es masculino. Tienes que decir que no, que no, que vas a ver el ruido porque te has de poner en el papel del leñador que va a la montaña. Y recuerdo preguntándome: ¿Qué he de contestar aquí? Yo si oigo un ruido y el bosque es oscuro, yo me voy [ríe].
  • Entonces, para aprobar has de decir todo lo que se supone que es de hombre.

-Si has pasado por diferentes psiquiatras y te ha tocado hacer diferentes test al lo largo de la vida, sabes qué te están preguntando…

-Porque en el proceso hay psiquiatras…

-Sí, en la UTIG son psiquiatras y psicólogos los que te hacen el proceso de dos años en los que te van entrevistando. Supongo que por esto se ha luchado tanto para la despatologización del hecho trans. ¿Por qué un psiquiatra me ha de decir si yo soy hombre o no? ¿quien eres tu para decirme lo que yo estoy sintiendo? ¿Cuántas maneras hay de ser hombre?¿Cuantas maneras hay de ser mujer?¿Todas las mujeres sienten exactamente lo mismo con el hecho de ser mujer?¿Y todos los hombres se sienten exactamente igual por el hecho de ser hombre? Tengo mis dudas.

-Te quedaste embarazado. Y cuando tuviste que pedir la baja de maternidad, ¿qué pasó?

-Tengo una profesión de riesgo por el embarazo y cuando comuniqué que estaba embarazado me dijeron ‘se te hace el permiso en la semana 22, entregas los papeles y ya no has de trabajar, tienes el permiso remunerado’. Hasta ahí, bien. Entregué los papeles en septiembre, llegó octubre y dejé de ir a trabajar y al cabo de poco tiempo me llamaron diciendo que el informe que había presentado de embarazo era falso. Porque si era un hombre no podía estar embarazado. En el documento estaba el nombre de la ginecóloga, el número de colegiado… Lo segundo que pasó fue que me dijeron: ‘no cabes en el programa informático, dado que apareces como hombre, no aparece la opción de embarazo, no tienes derecho a este permiso’. Entonces ¿cual es el problema, soy yo o el programa informático? De aquí entré un periplo: me tocó ir a la Seguridad Social, el de Seguridad Social me dijo que hiciera un papel por el que renuncias a tu género para que te podamos poner como mujer para recibir este permiso. Lo escribí, porque entendían que era la única opción: ‘solicito que me cambies el género en vuestros ficheros de forma momentánea’. No he cambiado de opinión, sigo siendo un hombre, pero si no entro en el programa informático y no puedo cobrar un permiso porque no lo puedes introducir y esta es la opción, te lo firmo. A la mañana siguiente, me llamaron diciendo: ‘No hombre no, este papel que nos envías es para falsear datos, no podemos modificar ningún dato, no se puede hacer, denegado’.

-Pero ellos mismos te habían sugerido que lo hicieras…

-Si, me lo sugirió la persona que trabajaba allí, y supongo que llegó al superior y dijo que no se puede hacer.

-¿Y cómo se solucionó?

-Escribí al centro LGTBI, expliqué la situación, me derivaron al Departament d’Afers Socials i Famílies y allí se encargaron. No sé cómo lo hicieron, pero gracias a ellos cobré el permiso, la baja de maternidad-paternidad me la gestionaron ellos y estoy muy agradecido. Supongo que con el tiempo se podrá hacer de una manera en la que no haga falta ir con los representantes al lado para que nos den el permiso o una baja.

-Para inscribir a tu hijo tras el nacimiento ¿tuviste dificultades?

-Lo gestionó también el Departament. Me acompañaron. Lo normal es ir a los dos o tres días, y creo que fueron 18 días los que tuvimos que esperar para el Libro de Familia. Fui acompañado de esta persona del Departament, que se había encargado de buscar a la persona que gestionaría esto.

-Una juez con sensibilidad…

-Sí, que lo quiso hacer. Había otro caso, llamó y pidió cómo hacerlo. El problema era: tu llegas aquí como hombre. Bien. Tienes un hijo y lo quieres inscribir. Bien. Pero que un hombre llegue al registro con su hijo es porque lo ha adoptado. ‘¿Dónde está el papel de adopción? Si no lo tienes, no lo puedes inscribir’. Yo lo he parido. ‘Si lo has parido es que eres una mujer’. No, porque mi DNI pone que soy un hombre. Y el problema era: si lo inscribes como su madre no hay problema. El problema es inscribirlo solo con un padre y que no haya una hoja de adopción. Y entras en bucle. Entonces [la juez] tiró para adelante y dijo: tu eres su padre, legamente eres un hombre, legamente lo has parido, te inscribo como padre.

-¿Qué le dirías a quien crea que los hombres no pueden parir, que no puede ser?

-Los hombres cis , no [los hombres cuya identidad de género está alineada con el sexo que le asignaron al nacer]. Pero hay otros tipos de hombres. Un hombre trans puede parir, como una mujer trans puede dejar embarazada a su pareja si su pareja es una mujer cis . Es que hay diferentes tipos de hombres y mujeres. Cada cual que utilice lo que biológicamente tiene. ¿Por qué me tengo que ir a una adopción, o a otro tipo de reproducción si tengo esta y tengo ganas de gestarlo? Otra cosa es que como persona trans, hombre trans, no quieras gestar. Entonces no lo hagas, porque es algo muy personal. Pero si siento que lo quiero hacer, ¿por qué no, si mi cuerpo lo permite? ¿Por qué se me ha de considerar menos hombre si he gestado a mi hijo? Yo no soy menos hombre por haber parido a mi hijo.

-Seguramente muchos hombres te envidian…

-Muchos. ‘Eres mi envidia, porque yo siendo padre soltero tuve muchos impedimentos para adoptar’, me dicen. ‘Ahora mismo, me das envidia porque tienes un hijo que es tuyo, porque un hombre cis no ha tenido la oportunidad’.

-¿Cómo recuerdas el parto?

-En la semana 38 llegué a la visita para que te abran la historia, en la Maternitat. Expliqué mi situación, que como persona trans he vivido situaciones poco respetuosas con mi cuerpo, que necesito un trato más cuidadoso, respetuoso, más intimidad. No quería estudiantes, que hubiera la mínima gente posible. Me crea tensión. Me derivaron a la obstetra. ¿Por qué? ‘Por protocolo’. En la semana 39, primera vista con la obstetra. Expliqué el plan de parto: solo la gente imprescindible, parto natural, no quiero epidural porque no me gustan las agujas, sólo la quiero en caso que sea muy necesario. Me explicaron cómo funcionan ellos, que inducían a la semana 41. Y le dije que según la OMS el embarazo llega a las 42 semanas… ¿Por qué? Por protocolo. ¿Qué protocolo? El protocolo. Y entramos en bucle. Llegó la semana 40, otra visita: presión, peso, todo bien. Y cuando abro la puerta en la consulta había seis personas. No quiero estudiantes. Y me sentí violento, ni me senté. Estaba la psiquiatra y cuatro estudiantes de psiquiatría.

-¿Por qué había la psiquiatra y estudiantes de psiquiatría?

-No lo sé, le pregunté y me dijo que era por protocolo y que aleatoriamente se hace. Que las madres pasan una entrevista psiquiátrica.

-No tenía que ver con que fueras trans…

-Esto es lo que me vendió, pero yo he hablado con otra gente que ha parido y de momento a nadie le han obligado a pasar una entrevista psiquiátrica. Me insinuaron si lo que había dicho de antecedentes de situaciones no respetuosas con mi cuerpo había sido una violación, les dije que yo no había hablado de violación.

-Cuando hablas de situaciones no respetuosas…

-A lo largo de mi vida las he vivido, por otros motivos. Llevas esta herida, sé que la llevo y necesito que el parto sea más cuidadoso, porque me incomoda y me puede alterar.

-¿Qué paso después?

-Mi hijo acabó naciendo en la semana 41. Entré en la consulta de la obstetra, de la que me tenía que hacer ‘entrar en razón’ [sobre la inducción del parto]. Me hizo una eco , me dijo que se tenía que repetir en otra sala. ¿Qué pasa?, pregunté ‘No, nada, nada’. Me repiten la prueba y la frase es: ‘se ha de inducir porque no tienes suficiente líquido’. Debe haber un mínimo de tanto y el tuyo es tanto. Es el motivo para inducir. Yo le había dicho que hasta que no hubiera un motivo médico… y ya lo han encontrado. Porque ves la pantalla y no sabes ver si hay líquido o no.

-Pero puede ser cierto…

-Puede serlo o no, pero no lo se porque el informe tampoco me lo han dado y de todas las pruebas de ese día no tengo informe, lo he reclamado pero no me llega [la pasada semana la autoritat catalana de Protecció de Dades remitió una carta a Àlex afirmando que puede acceder al informe, pero hasta el momento tal informe se ha limitado a los datos de las ecografías durante el embarazo].

-¿Qué pasó en el parto?

-Le pedí a mi comadrona si podía optar, porque estaba de parto. Puedo volver a mi parto, era un grito desesperado. No quiero una cesárea. He escogido evitar la inducción. Si estoy de parto, ¿por que? La respuesta es que podría tirarme dos días así. Luego, en la puerta del quirófano me dijeron ‘tu entra’, pero dije que mi comadrona está autorizada y ha de entrar. ‘Sí, no te preocupes que ella entra’. Y nos separan. Y me dicen que no puede entrar. Mi nivel de ansiedad empezó a subir. Yo la espero al lado de la puerta. Siéntate en la camilla. No, que la estoy esperando. No, que te sientes. Me siento. Viene alguien y me toca la espalda y salto. Me muevo. Te cogen la espalda, y la persona me cogía por el cuello para inmovilizarme me dijo ‘estate quieto’. Es que no puedo, es que ella ha de entrar, la necesito que esté aquí. No, que no puede entrar. Y yo chillando. Y la persona de detrás ‘estate quieto’ y noto como pone los dedos y me voy moviendo. Yo había explicado que necesitaba una persona al lado si me pinchaba. ‘No podrá entrar, te tenemos que pinchar’.

Era un ataque constante. Cuando entiendes que, quieras o no, te pincharán, pedí por favor esperar entre contracción y contracción, que me duele, no puedo respirar. Estas implorando algo que se te tendría que dar. Me dijeron ‘estate quieto que no me dejas trabajar’. El protagonista eres tu, que has venido a trabajar y no yo que he venido a parir. Fueron dos o tres pinchazos. ‘Deja de llorar, de chillar, no te muevas’. Cuando me pincharon me dijeron te hemos de estirar para que la anestesia se reparta bien. Entonces me estiran y me quitan la ropa. ‘Así, no, por favor’. Había pedido a mi comadrona que estuviera para que no me hagan nada que no sea lo adecuado. Que seas mis ojos. Pero ella no estaba. Me empiezan a desnudar, me abren las piernas y yo chillando ‘por favor así no, así no’. Y en el quirófano la gente moviéndose sin que nadie te diga ‘tranquilo, todo está bien’. Nadie se puso de mi lado.

-También hay mujeres que explican partos duros. ¿Lo atribuyes en tu caso a ser trans?

-Creo que es porque era trans y porque hay una actuación en las mujeres en general. En mi caso fue mas grave, como lo de poner el psiquiatra, por ser trans. Pero la violencia, el no dejarte escoger, el ninguneo de infantilizarte se lo hacen a muchas mujeres también y no esta bien. El parto es mío. De repente te enseñan a tu hijo por encima y te lo ponen encima [tras la cesárea]. Y en ese primer impacto, tras la violencia sufrida, yo lo vi y sentí ‘qué asco, esta caliente, mojado, huele mal, no me gusta’. Lo primero que sentí de mi hijo es ‘no me gusta’.

-¿Cuánto tiempo te ha costado poder tener una relación normal con tu hijo, tras el parto?

-No sentí que tenía ganas de estar con él hasta que tenía seis meses y medio. Sí sentía que emocionalmente no me podía separar de él porque necesito formar vínculo. Y entonces no me separé de él aunque no tuviera ganas, porque había vivido un trauma. Empecé terapia muy pronto para recuperar el vínculo y sanar la herida porque no me podía permitir el lujo de no tener ganas de estar con él. No quería que recibiera que es hijo de un padre que no quiere estar con él.

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